El riesgo de incendio es real. Rototom Sunsplash pide extremar la precaución a quienes llegarán a Benicàssim a partir del domingo 16 de agosto, una llamada a la responsabilidad compartida que el festival resume en una idea sencilla -agosto en la comarca significa calor, viento y vegetación seca, y en esas condiciones una colilla o una chispa bastan para empezar un fuego- y que se traduce en un puñado de normas fáciles de cumplir para que la fiesta siga su curso sin sobresaltos.
La norma que vertebra todo lo demás es la prohibición de fuego dentro del recinto: ni hogueras, ni barbacoas, ni hornillos de camping, ni velas, sin más excepción que la cocina homologada instalada dentro de una autocaravana o de una camper, que puede utilizarse siempre en el interior del vehículo y nunca fuera de él. Para que esa prohibición no se convierta en un problema práctico para quienes pasan la semana en la zona de acampada, el camping cuenta con cocinas colectivas equipadas con vitrocerámicas eléctricas, listas para usar y sin llama de ningún tipo, de modo que quien quiera cocinar solo tiene que enchufar.
La insistencia es especial con las colillas, que no deben acabar ni en el suelo ni lanzadas por la ventanilla del coche, sino apagadas del todo y depositadas donde corresponde, con un argumento tan doméstico como eficaz: un cenicero de bolsillo cuesta dos euros y evita un incendio. En la misma línea queda descartada cualquier forma de pirotecnia -petardos, bengalas y fumígenos incluidos-, y el festival lo explica en clave reggae, recordando que aquí el fyah se pide con las manos y no con mecheros, y que el sound system ya pone bastante fuego por su cuenta.
El aparcamiento merece capítulo propio, porque es de tierra y en agosto siempre hay hierba seca acumulada: la indicación es estacionar únicamente en las zonas habilitadas y seguir en todo momento las instrucciones del personal del festival, ya que un tubo de escape caliente detenido encima de esa hierba puede bastar para prender. A ese conjunto de medidas preventivas se suma una petición activa al público, la de avisar al staff o a seguridad al momento y sin pensarlo dos veces ante cualquier señal extraña -humo, una llama, alguien encendiendo lo que no debería-, porque en prevención de incendios el minuto que se gana avisando pronto es exactamente el que separa un susto de un problema serio.
Son normas sencillas, pensadas para una semana que arranca con la Welcome Party del domingo 16 de agosto y se desarrolla del 17 al 22, y que el festival resume en una idea final: que lo único que quede de estos días sean recuerdos, encuentros, conciertos y risas, y nada más.










